FORO FAMILIARIS CONSORTIO

 

Tema N.2 -  PREPARACIÓN AL MATRIMONIO Y A LA COMUNIDAD FAMILIAR Y FORMACIÓN EN             LA FE 

 

Colaboración de:  ENCUENTRO DE NOVIOS DE BOGOTÁ.

 

 

INTRODUCCIÓN  (Pbro. Gilberto Gómez)

 

Este Foro tiene como finalidad proponer a los participantes el pensamiento de este gran documento de la Iglesia, la Exhortación Apostólica FAMILIARIS CONSORTIO, llamada con razón la Carta Magna de la Pastoral Familiar. Para muchos de Uds. no es la primera vez que se acercan a sus contenidos. De hecho, desde hace 20 años venimos trabajándolos en los diversos talleres de formación sobre pastoral familiar para los animadores de los programas en la Arquidiócesis.

 

Este documento es de una riqueza impresionante, sin que por eso queramos decir que es una enciclopedia sobre los temas de la vida familiar y de la pastoral. No es una enciclopedia: para muchos es necesario explorar respuestas desde otros contextos doctrinales y metodológicos. Pero, de hecho, y para el tema que se nos señala “PREPARACIÓN AL MATRIMONIO Y A LA COMUNIDAD FAMILIAR Y FORMACIÓN EN LA FE” la materia es tan abundante que nos hemos visto obligados a seleccionar algunos  puntos o subtemas, dada la escasez del tiempo y la complejidad de los mismos.

 

El listado de grandes temas que hemos sacado es el siguiente:

 

1.      La preparación al matrimonio es un itinerario de fe.

2.      Matrimonio, vocación y espiritualidad.

  1. Necesidad de evangelización continua.

4.      La preparación al matrimonio debe realizarse en un contexto de pastoral familiar integral.

  1. El agente principal de la preparación al matrimonio debe ser la familia. Pero ella necesita de otras ayudas y suplencias.
  2. “En nuestros días es más necesaria que nunca la preparación de los jóvenes al matrimonio y a la vida familiar”.
  3.  La preparación al matrimonio no es un momento sino un proceso que tiene sus etapas y en el cual han de intervenir diversos agentes.
  1. No basta trasmitir una serie de conocimientos. Es necesario infundir unos valores y una jerarquía de valores.
  2. La celebración litúrgica del matrimonio.
  3. También los religiosos  están llamados a cooperar en la pastoral familiar y en la preparación de los jóvenes al matrimonio
  4. Preparación de los matrimonios mixtos y ecumenismo.

 

Es esto todo? No, queda mucho más. Precisamente por la importancia que reviste en la pastoral de la familia este tema de la preparación al matrimonio fue necesario volver a retomarlo en documentos posteriores del Pontificio Consejo para la Familia para desarrollar algunos puntos que era necesario enriquecer, dado que el texto de la Familiaris Consortio y su perspectiva no permitian un desarrollo más amplio en el momento en que se publicó hace 20 años. Entre estos documentos podemos citar “Preparación al sacramento del matrimonio” publicado el 13 de mayo de 1996.

 

Vamos a reflexionar sobre los siguientes subtemas.

 

SUBTEMA N. 6. 

 

NECESIDAD DE LA PREPARACIÓN AL MATRIMONIO Y A LA VIDA FAMILIAR

 

Pbro. Gilberto Gómez

 

F.C. 66. ....... “En nuestros días es más necesaria que nunca la preparación de los jóvenes al matrimonio y a la vida familiar”.

 

En primer témino, si en este punto Familiaris Consortio se refiere a los jóvenes como los destinatarios más urgidos de la preparación al matrimonio y a la vida familiar, en otros lugares se refiere simplemente a “los que se casan”, no importa la edad ni las condiciones en las cuales se realice este matrimonio. Más adelante, en esta misma sección, la F.C. afirma: “Esta nueva catequesis de cuantos se preparan al matrimonio cristiano es absolutamente necesaria, a fin de que el sacramento sea celebrado y vivido con las debidas disposiciones morales y espirituales”. No debemos perder de vista el fenómeno de que la edad promedia de matrimonio ha venido aumentando no sólo en Colombia sino también en el resto del mundo.

 

En segundo término, la Familiaris Consortio se refiere a todo matrimonio, pero pone el énfasis en el matrimonio sacramental, que es de su directa incumbencia: “Esto vale más aún para el matrimonio cristiano, cuyo influjo se extiende sobre la santidad de tantos hombres y mujeres”. Pero también se preocupa por los matrimonios de los que no practican su fe cristiana, o de los creyentes de otras religiones. Cada matrimonio influye a su manera en la formación de la cultura matrimonial y familiar ambiente.

 

En consecuencia: que cada matrimonio sacramental que se celebra debe estar convenientemente preparado, así se trate de:

 

Todos ellos y todas ellas necesitan preparar su matrimonio sacramental. Porque cada matrimonio es diferente.

 

Y eso por qué?  “Muchos fenómenos negativos que se lamentan hoy en la vida familiar derivan del hecho de que, en las nuevas situaciones, los jóvenes no sólo pierden de vista la justa  jerarquía de valores, sino que, al no poseer ya criterios seguros de comportamiento,  no saben cómo afrontar y resolver las nuevas dificultades. La experiencia enseña en cambio que los jóvenes bien preparados para la vida familiar, en general van mejor que los demás. (F.C.66) Porque el matrimonio no se reduce a una formalidad jurídica, sino que es una vocación y un estado de vida.

 

Otra vez: no son sólo los jóvenes, sino que también son muchos los adultos de hoy que, como se ve a diario,

 

Y, por tanto, cuando estas personas ingresan al matrimonio no sólo carecen de preparación para asumir la vida de pareja y de familia de acuerdo con las exigencias que plantea la naturaleza misma del matrimonio y de la familia. Más bien están preparados exactamente para lo contrario. Están más preparados para protagonizar divorcios que para construír matrimonios.

 

Y continúa el documento: “En algunos países siguen siendo las familias mismas las que, según antiguas usanzas, transmiten a los jóvenes los valores relativos a la vida matrimonial y familiar mediante una progresiva obra de educación o iniciación”.

 

Las familias transmiten los valores que poseen. Pero qué pasa con nuestras familias? Sin duda hay algunas que transmiten a sus hijos valores que favorecen la construcción de hogares sólidos, firmemente arraigados en la fe. Sin embargo:

·         Cuáles son los modelos de matrimonios que la mayoría de nuestros jóvenes y adultos han visto desde pequeños? Separaciones, divorcios, abandonos, deserciones, vicios... El panorama no es bueno.

·         En nuestra preparación al matrimonio debemos ayudar a quienes se casan a asumir una mirada crítica frente a la cultura ambiente y frente a sus propias familias, para que sean capaces de discernir qué es lo que vale la pena conservar de sus propios hogares y qué no. Para cada pareja que se casa existe el reto de establecer una ruptura con un pasado y abrirse a inaugurar una nueva historia familiar.

 

“Pero los cambios que han sobrevenido en casi todas las sociedades modernas exigen que no sólo la familia, sino también la sociedad y la Iglesia se comprometan en el esfuerzo de preparar convenientemente a los jóvenes para las responsabili­dades de su futuro”.

 

El Estado colombiano ya ha hecho lo suyo con la Constitución de 1991, artículo 42, en la cual el matrimonio aparece sin valor alguno. Por eso hoy la bigamia es insignificante como delito. Es más grave dejar de pagar el IVA. Sólo se puede contar con lo que hagan las familias y la Iglesia para recuperar el valor del matrimonio y el respeto por una institución indispensable para la sociedad.

 

“Por esto, la Iglesia debe promover programas mejores y más intensos de preparación al matrimonio, para eliminar lo más posible las dificultades en que se debaten tantos matrimonios, y más aún para favorecer positivamente el nacimiento y maduración de matrimonios logrados”.

 

Un doble reto: 

  1. La Iglesia debe promover programas mejores y más intensos de preparación al matrimonio”.
  2. Las comunidades, las personas y las familias deberían exigirlos y apoyarlos. Lástima que esta conciencia no ha logrado prender todavía en nuestro país. Cuando se toma conciencia de que la preparación para la vida profesional debe ser más completa y de mejor calidad, para la carrera más importante que tienen un hombre y una mujer todavía se advierte la tendencia a buscar y a ofrecer programas cortos y fáciles. Este no sólo es un contrasentido, sino también un irrespeto con las parejas que se preparan al matrimonio.

 

Si el matrimonio y la familia son importantes, hay prepararse para ingresar en ellos y esta preparación no debe reducirse a un requisito del cual se dispensa con facilidad o se hace algo para salir del paso. Se puede prescindir de formalidades, pero no de su esencia. Porque de hacerlo no estamos sirviendo a nuestra Iglesia.

 

 


 

LA PREPARACIÓN AL MATRIMONIO DEBERÍA CONSTITUÍRSE EN UN ITINERARIO DE FE

 

Jairo y Claudia Duque

Miembros del Comité Internacional

del Encuentro de Novios

 

Ojalá que los novios tomaran la decisión de casarse solamente después de haber tenido un período en el cual hayan podido conocerse suficientemente y después de un serio y mutuo discernimiento sobre lo que significa el matrimonio, y particularmente lo que significa casarse mediante el sacramento. La seriedad de esta decisión debería llevarlos a empeñarse en una preparación más concienzuda y profunda, lo que se llama la preparación inmediata, en el lenguaje de la Familiaris Consortio.

 

Pero qué pasa de hecho? 

·         Algunos – no son pocos- van más movidos por cumplir con el requisito de un certificado.

·         Otros, en cambio, son más conscientes de que es importante  conocer y ahondar los fundamentos de su fe respecto a la sacramentalidad del matrimonio. Desean vivir ardientemente el momento de la celebración al matrimonio como algo trascendental en sus vidas y que aspiran a experimentar la manera de vivir  su religiosidad y como un compromiso con Cristo y con la Iglesia.

 

En su Exhortación Apostólica Familiaris Consortio el Papa Juan Pablo II nos recuerda que este itinerario de preparación para el sacramento del matrimonio debería cubrir todas las etapas de formación de la persona, comenzando en la niñez.  Duele reconocerlo pero es la verdad, la  mayoría de los novios llegan al Sacramento del Matrimonio con una fe raquítica, anquilosada, muy deficientemente ilustrada y, además, sin arraigo en la vida diaria. Han recibido algo de preparación para su primera comunión o para su confirmación. Pero luégo la práctica de su fe se reduce a unos ritos externos y esporádicos. Pero se han olvidado de que su compromiso bautismal debería marcar su vida diaria como individuos, como miembros de una familia, como profesionales, como miembros de la sociedad.

 

No podemos prescindir de tomar en cuenta esta realidad. Por eso nuestros programas de preparación inmediata al matrimonio deben fortalecer esta labor evangelizadora. Son muchos los novios que se dan cuenta de esta realidad y por eso manifiestan su deseo de  iniciar un camino de profundización en la fe y en el compromiso que adquieren frente a si mismos, frente a Dios y frente a la comunidad de fe, la Iglesia.

 

Una buena  preparación al matrimonio los hará más conscientes de lo que ocurrirá en el momento de la celebración sacramental del matrimonio, y de que les urge iniciar un verdadero camino de fe, en el cual irán, paso a paso, asumiendo el compromiso con Jesucristo. Particularmente en lo que se refiere a su matrimonio, ellos necesitan descubrir que están llamados no sólo a recibir un sacramento, sino también a ser un sacramento; irán descubriendo que en su relación mutua ellos han de ser un reflejo vivo del Amor con el que Cristo ama a la Iglesia, y de que las personas cercanas a ellos  esperan ver reflejado el amor de Cristo en el amor que ellos se tienen.

 

Dice la Familiaris Consortio en el numeral 51: “ El momento fundamental de la fe  de los esposos está en la celebración del Sacramento de Matrimonio, que en el fondo de su naturaleza es la proclamación dentro de la Iglesia, de la Buena Nueva del amor conyugal. Es la Palabra de Dios que “ revela” y “culmina” el proyecto sabio y amoroso que Dios tiene sobre los esposos, llamados a la misteriosa y real participación  en el mismo Dios hacia la humanidad. Si  la celebración sacramental del matrimonio es en sí misma una proclamación de la Palabra de Dios en cuanto son por título diverso protagonistas y celebrantes, debe ser una “profesión de fe”  hecha dentro y con la Iglesia, comunidad de creyentes”.

 

Quienes colaboramos con nuestra Iglesia en esta tarea fundamental de la preparación inmediata al matrimonio, encontramos aquí un reto formidable: acompañar a los novios en esta etapa de su itinerario de fe para que ellos puedan ser esos protagonistas y celebrantes que la Iglesia espera y exige, para que se den cuenta de que el sacramento del matrimonio no es algo que pasa, sino algo vivo que necesita revitalizarse diariamente para que pueda cumplir en ellos verdaderamnete esa tarea de refeljar el amor de Cristo por toda la humanidad.

 

A cuántos de nuestros novios los encuentra este momento de sus vidas en esa etapa avanzada de su itinerario de fe? Muy pocos. El ambiente familiar no ha sido propicio para la mayoría de ellos. Y luego la formación en la fe que recibieron en sus colegios tuvo también carencias fundamentales, si es que nuestros jóvenes no han sido expresamente arrastrados a la increencia.

 

Para que este itinerario de fe se realice como debe ser, necesitamos que una pastoral familiar completa se instaure en serio en todas las parroquias. De otra manera, nuestros novios seguirán llegando al matrimonio como llegan hoy. O peor todavía.

 

Pero algo podemos hacer hoy, y debemos hacerlo. Por experiencia sabemos que, aunque tarde, pero si tomamos en serio la preparación inmediata al matrimonio, con los novios que nos llegan se puede iniciar aquí un camino nuevo, un verdadero itinerario de fe que incidirá de manera preponderante en ellos mismos y en sus hijos, en sus familias de origen y en sus amigos más inmediatos, y contribuirá a transformar  su  entorno porque ellos comenzarán a  ser “sal de la Tierra y luz del mundo”. 

 

Por esta razón, contribuír a la preparación de los novios en su compromiso de fe al momento de convertirse en sacramento de la Iglesia por medio del Sacramento del matrimonio, es un llamado imperioso, primero que todo para los laicos casados comprometidos con la Iglesia, tanto para los esposos que tienen un  largo recorrido de vida matrimonial basado en su experiencia de vida, como también para los esposos jóvenes que por su edad están más cerca de los novios. Para todos es un llamado en cuanto creyentes y creyentes casados. Es un llamado de fe profunda en el Señor y en  el compromiso cristiano de vida matrimonial. Es algo propio de nuestro carisma de laicos casados.

 

Necesitamos que todos nosotros los laicos comprendamos la importancia que tiene la familia como célula primera de la sociedad; que todos tenemos la responsabilidad de transformar nuestra propia familia mediante la práctica de los valores evangélicos que Jesús nos enseñó. Y en particular nuestras familias deberían ser testimonios luminosos de esos valores vividos en el matrimonio y la familia.

 

Pero también es un llamado a sacerdotes para que reconozcan la importancia de la pastoral familiar y concretamente en la importancia de la preparación para el matrimonio para  ayudar a los novios quienes están próximos a fundar una familia nueva. Porque necesitamos familias nuevas para tiempos nuevos. Necesitamos sacerdotes que conozcan la teología del matrimonio cristiano, para que nos ayuden a nosotros los laicos a comprender y a transmitir el Plan que Dios tiene sobre el matrimonio y la familia. Para darnos apoyo y conocimientos acerca  de la vida sacramental iniciada desde nuestro bautismo.

 

Una buena preparación inmediata al matrimonio tiene que hace que los novios sean cada vez más conscientes de que, al tomar la decisión de casarse sacramentalmente, también deberían tomar otra decisión coherente con ésta: la que comprometerse en proseguir este itinerario de fe, que si antes no lo habían recorrido con empeño, ahora sí lo iniciarán en serio.

 

No de otra manera puede entenderse el reto que les hace  la Familiaris Consortio:  “Después de la preparación durante el noviazgo y la celebración sacramental del matrimonio la pareja comienza el camino cotidiano hacia la progresiva actuación de los valores  y deberes del mismo matrimonio a la luz de la fe y en virtud de la esperanza, la familia cristiana participa, en comunión con la Iglesia, en la experiencia de la peregrinación terrena hacia la plena revelación y la realización del Reino de Dios”. (F.C.65).

 

Es pues el momento de pedirles a todos su ayuda; los novios llegan como están, pero no pueden salir de la preparación al matrimonio como llegan.

 

La Iglesia nos necesita para cumplir su labor de evangelizar y de transformar la raíz de la sociedad, que son las familias.

 


Subtema N.2      MATRIMONIO, VOCACIÓN Y ESPIRITUALIDAD.

 

Elder y Olinda Santa –

 Coordinadores Arquidiocesanos del

Encuentro de Novios de Bogotà

 

Familiaris Consortio no sólo muestra a los novios un camino para prepararse a su matrimonio como un itinerario de fe. Los invita a que la celebración litúrgica del mismo sea “proclamación, dentro de la Iglesia, de la Buena Nueva sobre el amor conyugal”, como la respuesta al llamado que el Señor les hace a realizar su vida juntos en la vida matrimonial.

 

Pero más aún, les muestra el camino que han de continuar recorriendo después de su matrimonio. El matrimonio es un camino, no un punto de llegada:  "Esta profesión de fe ha de ser continuada en la vida de los esposos y de la familia. En efecto, Dios que ha llamado a los esposos "al" matrimonio, continúa a llamarlos "en el" matrimonio. Dentro y a través de los hechos, los problemas, las dificultades, los acontecimientos de la existencia de cada día, Dios viene a ellos, revelando y proponiendo las "exigencias" concretas de su participación en el amor de Cristo por su Iglesia, de acuerdo con la particular situación -familiar, social y eclesial- en la que se encuentra. (F.C.51)

 

El Señor sigue llamando cada día en las circunstancias de la vida diaria, “en la alegría, en la adversidad y en el dolor, en salud y en enfermedad, en pobreza y en prosperidad”, y espera que esos llamados no se queden sin respuesta en nuestras vidas. Nos llama a construír una unidad de mente y de corazón entre los dos, a compartir nuestras vidas en el amor entre nosotros y a formar con nuestros hijos la unidad más amplia de la familia. El Señor nos llama a que conozcamos, aceptemos y realicemos su plan en nuestras vidas. A que hagamos nuestros planes en coherencia con los planes de Dios. La manera concreta como conducimos nuestras vidas día a día es la expresión visible de los valores que nos mueven y de nuestra propia fe.

 

Como esposos debemos recordar que nuestra  vocación cristiana se inicia en el bautismo y se especifica y fortalece con el Sacramento del matrimonio. Como cónyuges cristianos pertenecemos a nuestra Iglesia y el Señor espera que demos en ella y ante el mundo un testimonio luminoso de nuestra vida de hogar. Como decía el joven Tobías: ”Somos miembros de un pueblo de creyentes y no podemos unirnos como los paganos que no conocen a Dios”. Nos corresponde, por tanto, establecer el testimonio de la diferencia.

 

Y eso por qué? Porque el Señor nos ha confiado la misión de hacer visible ante los hombres la santidad y la suavidad de la ley que une el amor mutuo de los esposos con su cooperación al amor de Dios, autor de la vida humana. Nuestro amor de esposos está llamado a servir a Dios para que en él el Señor revele su propio amor. Nos ha llamado a los esposos al matrimonio, continúa a llamarnos dentro del matrimonio. Dentro y a través de los hechos, los problemas, las dificultades, los acontecimientos de la existencia de cada día, Dios viene a ellos, revelando y proponiendo las exigencias concretas de su participación en el amor de Cristo por su Iglesia, de acuerdo con la particular situación familiar, social y eclesial en la que se encuentra.

 

Y continúa el texto de la Familiaris Consortio: “El descubrimiento y la obediencia al plan de Dios deben hacerse "en conjunto" por parte de la comunidad conyugal y familiar, a través de la misma experiencia humana del amor vivido en el Espíritu de Cristo entre los esposos, entre los padres y los hijos” (F.C.51). El amor entre el hombre y la mujer en el matrimonio y de forma derivada y más amplia, el amor entre todos los miembros de la familia, deberá estar animado e impulsado por el dinamismo interior e incesante del amor de Jesús que se da para que todos tengamos vida. En el ejemplo de Jesús encontramos los motivos y la inspiración para nuestra vida familiar, con el empeño constante de desarrollar una auténtica comunidad de personas, que debe ser cada vez más sólida e intensa, fundamento y obra de la vida conyugal y familiar.

 

Descubrir el plan de Dios y seguirlo en nuestras vidas. A eso nos llama la Iglesia. A construíir nuestros hogares de acuerdo con el diseño de Dios, y no como lo quiere el mundo.

Estamos llamados como cristianos a ser “la sal y la luz” haciendo presente en el mundo al Dios del Reino y al Reino de Dios.

 

 


FAMILIARIS CONSORTIO

Subtema N.7

 

ETAPAS DE LA PREPARACIÓN AL MATRIMONIO

(Familiaris Consortio N.66)

 

Esteban y Marcia Valencia

Encuentro de Novios de Bogotá

 

 

Queremos comenzar resaltando la gran importancia que tiene para la comunidad cristiana el que se logren matrimonios cristianos estables y duraderos, si queremos conseguir familias más sanas y de mejor calidad.

 

La Exhortación Apostólica FAMILIARIS CONSORTIO nos plantea la necesidad de mirar la preparación al matrimonio no como algo que se consiga en un momento sino como un proceso gradual y continuo, que comienza desde la infancia, en el que se identifican tres etapas principales, a saber: remota, próxima e inmediata.

 

Cada una de estas etapas  tiene su importancia porque es como el piso de la siguiente. Y cada etapa tiene también sus responsables más directos que deben colaborar estrechamente para que esta preparación sea una realidad. De hecho es un proceso educativo en el cual no sólo hay unos contenidos para comprender y aprender sino también, y principalmente, unos valores para interiorizar y vivir y unas virtudes para practicar.

 

De la PREPARACIÓN REMOTA nos dice la Familiaris Consortio: “... comienza desde la infancia, en la juiciosa pedagogía familiar, orientada a conducir a los niños a descubrirse a si mismos como seres dotados de una rica y completa sicología y de una personalidad particular con sus fuerzas y debilidades. En esta etapa se imbuye la estima por todo autentico valor humano”.

 

Los directos responsables de esta etapa somos nosotros mismos como padres, orientadores de nuestra familia y de nuestros hijos. Y es principalmente mediante el ejemplo de vida cristiana con lo que logramos día a día ir conduciéndolos en este camino. Sin embargo todos los días vemos cuan difícil es lograrlo y caemos en algunas fallas (malos ejemplos, acciones precipitadas, mal manejo de situaciones etc.). Qué importante es que nos demos cuenta que ya estamos mostrando un mal camino a nuestros hijos con estas conductas y asumamos una conducta responsable corrigiendo nuestros malos pasos.

 

Y los educadores, deberían todos tomar conciencia de que ellos deberían reforzar la buena labor de las familias en esta etapa de la formación de la personalidad humana y cristiana básica de los niños y de que ellos, para bien o para mal, están ya incidiendo de alguna manera en el futuro de esas familias que procederán de esos niños y niñas.

 

Y en general toda la comunidad cristiana debe ayudar a las familias en esta tarea contribuyendo a formar un clima favorable y respetuoso frente al maatrimonio y a la familia.

En efecto, es en esta etapa cuando los peligros de los malos ejemplos y actitudes, tanto en la familia próxima como en la ampliada, en la sociedad y en su escolaridad temprana, son más amenazantes, particularmente los que llegan desde la televisión, pues el niño asimila fácilmente todo y es muy influenciable.

 

La PREPARACIÓN PRÓXIMA, nos dice la Familiaris Consortio, debe iniciarse “desde la edad oportuna”, es decir, no dejarla para muy tarde. De hecho debería iniciarse por lo menos al nivel de la educación media y cubre el período de la adolescencia y la juventud.

En esta etapa se requiere una preparación mas especifica para los sacramentos y la formación en la fe, con otros elementos formativos fundamentales como son:

 

En este trabajo debemos colaborar todos, pero la Pastoral Juvenil y las instituciones educativas juegan aquí su papel fundamental.

 

“La preparación inmediata a la celebración del sacramento del matrimonio debe tener lugar en los últimos meses y semanas que preceden a las nupcias, como para dar un nuevo significado, nuevo contenido y forma nueva al llamado examen prematrimonial exigido por el derecho canónico. De todos modos, siendo como es siempre necesaria, tal preparación se impone con mayor urgencia para aquellos prometidos que presenten aún carencias y dificultades en la doctrina y en la práctica cristiana”. (F.C.66)

 

Familiaris Consortio nos insiste en que esta fase de la preparación también se haga como en “un camino de fe, análogo al catecumenado”, es decir dedicándole el tiempo que se merece. Y que se marque bien “un conocimiento serio del misterio de Cristo y de la Iglesia, de los significados de gracia y responsabilidad del matrimonio cristiano, así como la preparación para tomar parte activa y consciente en los ritos de la liturgia nupcial”.

 

Ya es hora de que se atienda en serio ese llamadop del Santo Padre:  “A las distintas fases de la preparación matrimonial deben sentirse comprometidas la familia cristiana y toda la comunidad eclesial”. Y que no nos contentemos con salir del paso con alguna actividad para entregar un certificado.

 

Nuestra gente es consciente de que para el matrimonio hay que preparar cosas. Pero debe también ser consciente de que hay que preparar personas. Porque “la boda dura un rato, a lo sumo un día. El matrimonio es para toda la vida”.