MINISTERIO DE EVANGELIZACIÓN DE LA COMUNIDAD FAMILIAR

Aurelio y Gloria Cadavid
Miembros del Pontificio Consejo Para la Familia

Existe una vocación universal a la santidad. "...todos en la Iglesia, ya pertenezcan a la jerarquía, ya sean dirigidos por ella, son llamados a la santidad según aquello del Apóstol: Porque ésta es la voluntad de Dios: vuestra santificación. (1 Tes 4,3; Ef. 1,4)" (LG No. 39). Esta santidad de la Iglesia y de todos y cada uno de sus miembros, es consecuencia de la acción del Espíritu Santo sobre ella y sobre sus fieles. El Señor hace a todo ser humano este llamamiento con carácter imperativo: "Sed perfectos como es perfecto vuestro Padre Celestial" (Mt. 5,48). Es la vocación a emprender el camino de la perfección, apelando a esa "nostalgia de plenitud que supere la interpretación legalista de los mandamientos" (Carta Encíclica Veritatis Splendor, No. 16), que se encuentra en la profundidad de la conciencia de cada creyente, como una reminiscencia de que siempre falta algo para ser perfecto. En la perspectiva de esta vocación a la plenitud, en nuestro interior siempre resonarán, como misteriosa alternativa, las palabras de Jesús al Joven del Evangelio: "Si quieres ser perfecto..." (Mt. 19,21).

S.S. Juan Pablo II, en la Carta Apostólica "Al Comienzo Del Nuevo Milenio" (Novo Millennio Ineunte), publicada el 6 de Enero de este año, afirma: "...hacer hincapié en la santidad es más que nunca una urgencia pastoral" (No. 30). Y más adelante dice el Santo Padre: "La vida entera de la comunidad eclesial y de las familias cristianas debe ir en esta dirección." (No. 31).

Este gran propósito de la santidad de cada cristiano se inicia en el Bautismo, y, para los esposos cristianos, se especifica y fortalece ulteriormente con el Sacramento del Matrimonio, según palabras del Papa Paulo VI (Encíclica Humanae Vitae, No. 25). Y en este mismo documento y numeral encontramos la siguiente declaración: "Por lo mismo, los cónyuges son corroborados y como consagrados para cumplir fielmente los propios deberes, para realizar su vocación hasta la perfección, y para dar un testimonio, propio de ellos, delante del mundo."

Dios llama al matrimonio a muchas personas. El matrimonio es Sacramento, y al mismo tiempo Vocación. El matrimonio y la familia son parte integrante del plan original de Dios sobre la humanidad, sobre el mundo y sobre la Historia. En el Génesis está plasmado este plan divino, el cual Cristo personalmente vino a perfeccionar y santificar. Por esta razón el matrimonio y la familia son instituciones sagradas. Las leyes de los hombres no pueden ultrajarlas, ni siquiera modificarlas sino solamente protegerlas, cultivarlas, conservarlas y fomentarlas. Ellas son la garantía de la supervivencia de la humanidad y el seno en el cual Dios mismo empieza a ser conocido, amado y servido.

Nos ubicamos entonces en la "Iglesia doméstica" de que habla el Concilio Vaticano II (Cfr. L.G.11). En ella " los padres han de ser para con sus hijos los primeros predicadores de la fe, tanto con su palabra como con su ejemplo, y han de fomentar la vocación propia de cada uno y con especial cuidado la vocación sagrada." Por su parte, el Papa Paulo VI, en la Exhortación Apostólica Acerca de la Evangelización del Mundo Contemporáneo (Evangelii Nuntiandi) afirma: "...en cada familia cristiana deberían reflejarse los diversos aspectos de la Iglesia entera." Y continúa el Pontífice diciendo: "...la familia, al igual que la Iglesia, debe ser un espacio donde el Evangelio es transmitido y desde donde éste se irradia," (Evangelii Nuntiandi No. 71)

Como una "especie de Iglesia" que es, la familia cristiana es evangelizadora y santificadora, y, al mismo tiempo, centro de caridad y escuela de oración. Es promotora de las Virtudes Cardinales (la Fe, la Esperanza y la Caridad), y también de las Virtudes Morales (prudencia, justicia, fortaleza y templanza), así como dispensadora de las Obras de Misericordia.

Dentro de esta visión de la familia como Iglesia, "todos los miembros de la misma evangelizan y son evangelizados. Los padres no sólo comunican a los hijos el Evangelio sino que pueden a su vez recibir de ellos este mismo Evangelio profundamente vivido." (Evangelii Nuntiandi No. 71).

Pero es claro que la familia está construída sobre la base de la institución del matrimonio. Ella se nutre de la fe que profesan los esposos. La fe de ellos es el principio y la fuente de la fe de la familia. Cada uno de los cónyuges profesa la fe, para sí mismo y también para el otro. Cada uno es testigo de Cristo ante el otro. Esto es consecuencia de la íntima "comunión de vida y de amor"! Los esposos cristianos, por los sacramentos del Bautismo y la Confirmación, y más tarde por el del Matrimonio, están llamados a vivir como hombres y mujeres de fe.

"...la familia cristiana vive su cometido profético acogiendo y anunciando la palabra de Dios. Se hace así, cada día más, una comunidad creyente y evangelizadora. También a los esposos y padres cristianos se exige la obediencia a la Fé, ya que son llamados a acoger la Palabra del Señor que les revela la estupenda novedad _la Buena Nueva_de su vida conyugal y familiar, que Cristo ha hecho santa y santificadora. En efecto, solamente mediante la Fé ellos pueden descubrir y admirar con gozosa gratitud a qué dignidad ha elevado Dios el matrimonio y la familia, constituyéndolos en signo y lugar de la alianza de amor entre Dios y los hombres; entre Jesucristo y la Iglesia, esposa suya." (F.C. No. 51)

El matrimonio, para los cristianos, no es un simple contrato como los acuerdos de voluntad de la vida civil o de la actividad comercial de las personas. Tampoco es un mero "estado civil". Es mucho más! Es una auténtica vocación sobrenatural, que conduce a los esposos por el camino de la santidad, la cual no es otra cosa que la configuración total con Cristo Jesús. Por la fe que profesan, evangelizan. Por la esperanza que abrigan, iluminan. Por la Caridad que los enciende, calientan y alientan. Ellos son llevados por el Espíritu Santo a realizar plenamente la vocación a la que han sido llamados. Y la realizan en la Iglesia construída sobre la Pascua de Cristo. Dentro de esta perspectiva, nos encontramos con la profecía de Isaías: "Tu esposo es tu creador" (Is 54, 5). Así, Dios se acerca a su creatura y se revela en la historia por medio de la Encarnación del Hijo de Dios. Los esposos cristianos son entonces imagen de esa unión del Creador y su creatura. Y el matrimonio hace referencia a la unión de Cristo con la Iglesia, como lo proclama San Pablo (Efesios 5, 32).

La tradición cristiana ha reconocido en la presencia de Jesucristo en las Bodas de Caná una manifestación del valor divino del matrimonio. San Cirilo de Alejandría escribe: "Fué nuestro Salvador a las bodas para santificar el principio de la generación humana." La santificación de los esposos en el matrimonio se refiere no sólo a sus almas sino también a sus cuerpos. La capacidad generadora y transmisora de vida de los esposos es una participación en el inmenso poder creador de Dios. De aquí se desprende toda una teología y una maravillosa ascética matrimonial. El considerar la sexualidad por fuera de este contexto moral, lleva indefectiblemente a convertir el matrimonio en una unión ocasional de cuerpos pero cuyas vidas se alejan entre sí cada día más a medida que los años golpean la existencia.

Cabe rememorar aquí las palabras del Arcángel Rafael a Tobías antes de que se desposase con Sara. Le dijo el Arcángel: "Escúchame y te mostraré quiénes son aquellos contra los que puede prevalecer el demonio. Son los que abrazan el matrimonio de tal modo que excluyen a Dios de sí y de su mente, y se dejan arrastrar por la pasión como el caballo y el mulo, que carecen de entendimiento. Sobre ésos tiene potestad el diablo " (Tob 6, 16-17).

El matrimonio es la base, el origen y el principio fundamental de la familia. Sin matrimonio no hay familia. Esta será lo que el matrimonio que la compone. La evangelización que los esposos están llamados a realizar como consecuencia de los sacramentos recibidos del Bautismo, de la Confirmación y del Matrimonio, deben llevarla a cabo los esposos entre sì primeramente. Y deben difundirla con ánimo y espíritu misionero hacia la familia entera, entendiendo por tal no sólo la compuesta por el padre, la madre y los hijos, sino también por todos aquellos seres que en un momento dado hacen parte integrante de la comunidad, de manera permanente o temporal. Todos ellos son objeto de la acción evangelizadora de los esposos. Y la familia toda también es mensajera del Evangelio ante otras familias o personas. Sin embargo, esta misión evangelizadora no debe darse solamente con las palabras sino también con la vida y con las obras, en consideración al hecho real de que "los hombres de nuestro tiempo, quizás no siempre conscientemente, piden a los creyentes de hoy no sólo hablar de Cristo sino en cierto modo hacèrselo ver." (N.M.I. No. 16)

El Señor Jesús debe estar presente en forma permanente en los labios de los cristianos consagrados en virtud del Bautismo como sacerdotes, profetas y reyes, y también en sus corazones por el ejercicio del amor. En esta diaria faena que constituye el vivir en comunidad, hay que ser conscientes de que se vive, se trabaja, se ama y se perdona en el nombre de Jesús. El es quien da sentido al esfuerzo diario. Quien transforma la rutina en ilusión de cada día. El es el compañero inseparable del viaje por la vida y el testigo presencial de la continua decisión de los esposos de amarse hasta el final.

Por el Bautismo, entra el hombre a participar de la vida de Cristo. Y la vida de Cristo renueva interiormente la vida del cristiano, hasta configurarse totalmente con El. Es lo que sintió y experimentó San Pablo cuando dijo: "No soy yo quien vive sino que es Cristo quien vive en mí." (Gal 2,20). Mediante esa unión permanente y creciente de los esposos con el Señor, las vidas y obras de ellos dan mucho fruto. Son como el sarmiento unido a la vid (Juan 15,5). La gracia sacramental santifica a los esposos y los hace partícipes de la unión de Cristo con su Iglesia. La relación entre Cristo y su Iglesia transforma la relación de amor entre los esposos y la convierte en una misión (LG 11, b; GS 50,b). En este orden de idas, los esposos son como consagrados (GS 48,b). La Exhortación Apostólica Familiaris Consortio reconoce a los esposos un ministerio auténtico (F.C. No. 38). El amor conyugal es un "don eclesial".

Continuando con esta visión de la vida conyugal que deben vivir a plenitud los esposos, entre sí y de cara a la comunidad familiar, para poder llevar a cabo la evangelización, por la palabra y por las obras, entre ellos mismos y para con los miembros de la familia y para con otras familias y personas, es oportuno traer las palabras de Tertuliano en los primeros tiempos de la Iglesia:

"Cómo describiré la felicidad de ese matrimonio que la Iglesia une, que la entrega confirma, que la bendición sella, que los ángeles proclaman, y al que Dios Padre tiene por celebrado? ... Ambos esposos son como hermanos, siervos el uno del otro, sin que se dé entre ellos separación alguna, ni en la carne ni en el espíritu. Porque verdaderamente son dos en una sola carne, y donde hay una sola carne debe haber un solo espíritu... Al contemplar esos hogares, Cristo se alegra, y les envía su paz; donde están dos, allí está también El, y donde El está no puede haber nada malo."

El ministerio que Cristo ha conferido a los esposos que se unen y viven en su nombre, es un ministerio apostólico. Según el Concilio Vaticano II, "Cristo, Profeta grande, que con el testimonio de su vida y con la virtud de su palabra proclamó el Reino del Padre, cumple su misión profética hasta la plena manifestación de la gloria, no sólo a través de la jerarquía, que enseña en su nombre y con su potestad, sino también por medio de los laicos, a quienes por eso constituye testigos y los ilumina con el sentido de la fe y la gracia de la palabra, para que la virtud del Evangelio brille en la vida cotidiana, familiar y social." (LG No. 35).

Y en otra parte de la misma Constitución Dogmática leemos:"Así como los sacramentos de la Nueva Ley, con los que se nutren la vida y el apostolado de los fieles, prefiguran el cielo nuevo y la tierra nueva, así los laicos se hacen valiosos pregoneros de la fe y de las cosas que esperamos, si asocian, sin desmayo, a la vida de fe, la profesión de esa misma fe. Esta evangelización, es decir, el mensaje de Cristo, pregonado con el testimonio de la vida y de la palabra, adquiere una nota específica y una peculiar eficacia por el hecho de que se realiza dentro de las comunes condiciones de la vida en el mundo." (LG No. 35).

En el estado de vida de los cónyuges cristianos, estos ejercen una labor misionera en medio del trajín de las urbes modernas y de las trabas de las estructuras sociales, políticas y económicas. La fe hace que todo ese complejo tejido social sea penetrado por la capacidad del laico de llevar al Señor allí adonde muchas veces sólo él _el laico-- puede ir. El cristiano lleva al Señor a todas partes y en todo momento, en su mente y en su corazón, y también en su palabra y en sus actos. Lleva a todos la fe en el Señor Jesús y la esperanza en la vida bienaventurada. "Así, con su ejemplo y testimonio, acusa al mundo de pecado e ilumina a los que buscan la verdad." (LG No. 35).

La Constitución Lumen Gentium afirma que los laicos "pueden y deben realizar una acción preciosa en orden a la evangelización del mundo". Y más adelante, y con tal propósito, los exhorta a trabajar celosamente por conocer más profundamente la verdad revelada y a pedir insistentemente a Dios el don de la sabiduría.

"... también la pequeña Iglesia Doméstica, como la gran Iglesia, tiene necesidad de ser evangelizada continua e intensamente. De ahí deriva su deber de educación permanente en la fe." (Cfr. F.C. No. 51).

Su Santidad Juan Pablo II ha venido declarando en forma categórica y profética que "la futura evangelización depende en gran parte de la Iglesia doméstica" (F.C. No. 52). El Papa invoca angustiosamente el ámbito de la familia como el único reducto en muchos lugares de la Tierra para llevar a cabo el mensaje de Jesús. Las políticas y las legislaciones de muchas naciones han hecho que cada día se reduzca más el radio de acción de la Iglesia al ámbito de la familia para comunicar el Mensaje.

"La absoluta necesidad de la catequesis familiar surge con singular fuerza en determinadas situaciones, que la Iglesia constata por desgracia en diversos lugares." (F.C.No.52) Y en la Exhortación Apostólica Catechesi Tradendae dice el Papa: "En los lugares donde una Legislación antirreligiosa pretende incluso impedir la educación en la Fé, o donde ha cundido la incredulidad o ha penetrado el secularismo hasta el punto de resultar prácticamente imposible una verdadera creencia religiosa, la Iglesia doméstica es el único ámbito donde los niños y los jóvenes puedan recibir una auténtica catequesis." (C.T. No. 68)

La formación de los hijos en la fe debe empezar a temprana edad en el sagrado recinto de la familia cristiana. Como parte de dicha formación, los niños deben ser educados y formados en el concepto de Iglesia, tanto de la Iglesia doméstica (familia) como de la parroquial y de la diocesana, así como de la Iglesia Universal, con el fin de que crezcan con la conciencia de que son miembros del Pueblo de Dios y no se sientan jamás marginados de la comunidad eclesial. Y esa formación en la fe no debe limitarse a un conocimiento meramente histórico de la vida de Jesús y de las Escrituras en general, sino que debe llegar hasta la esencia misma del compromiso evangélico: el apostolado.

Inculcar a los hijos la costumbre de la oración, el conocimiento de la Verdad Revelada, la necesidad de profundizar en la Fé y la práctica de la caridad, son obligaciones fundamentales y primarias de los padres. Estos también deben inducir a los hijos a la práctica de los sacramentos, ante todo dándoles ejemplo.

Por lo demás, la familia cristiana es una comunidad que está llamada a vivir en Gracia. La Gracia es necesaria para poder vivir la Fé y transmitirla eficazmente, lo mismo que para poder dar frutos abundantes en la acción apostólica. Juan Pablo II, en la ya citada Carta Apostólica escrita con motivo del comienzo del nuevo milenio, proclama "la primacía de la gracia" como un principio esencial de la visión cristiana de la vida (Novo Millennio Ineunte, No. 38).

Es muy importánte fomentar en la familia el frecuente encuentro personal con Cristo, tanto de cada uno en particular como de la familia toda. Esto se puede lograr mediante la oración, individual y colectiva; la lectura de las Escrituras y la práctica de los sacramentos. También iluminando los diferentes acontecimientos familiares, tanto de alegría como de tristeza, con la luz de la Fé en Jesucristo.

"La familia cristiana, hoy sobre todo, tiene una especial vocación a ser testigo de la alianza Pascual de Cristo, mediante la constante irradiación de la alegría del amor y de la certeza de la esperanza, de la que debe dar razón." (F.C. No. 52)

Finalmente, sólo asumiremos a cabalidad nuestro compromiso de fe si aceptamos el encargo apostólico del Señor: "Id por todo el mundo y anunciad a todos la buena noticia." (Mc16,15).

Los esposos cristianos tienen como modelo esposos de los cuales nos hablan los Hechos de los Apòstoles (Cap. 18), Aquila y Priscila, amigos muy queridos del Apòstol Pablo y compañeros suyos en los viajes apostòlicos.

Como prenda de la presencia del Señor, y de su compañía, misteriosa pero permanente entre nosotros, contamos con su promesa de que estará con los suyos todos los días hasta el fin del mundo (Mt. 28,20).

Aurelio Ignacio Cadavid López
Bogotá, 11 de Noviembre del 2.001


II. La Familia Evangelizada y Evangelizadora.

La Iglesia nace de la acción evangelizadora de Jesus y de los Doce Apóstoles: "Id, pues, enseñad a todas las gentes" (Cfr Mt. 28,19). La Familia está llamada a continuar esa Misión de Evangelización. En el Designio de Dios, Creador y Redentor, la Familia descubre no sólo su identidad, lo que es, sino también su Misión, lo que puede y debe hacer.

La familia de hoy debe:

El ser humano está llamado a vivir en el amor, misterio de comunión con el otro. Comunidad de amor, como es Dios. El matrimonio es reflejo de ese amor de la comunión, y en nuestro matrimonio tenemos que vivir ese amor, del cielo que es la Trinidad, y de la tierra, la Sagrada Familia.

Como vemos, la familia debe ser comunidad de vida y amor. La esencia y el cometido de la familia son definidos en última instancia por el amor. Por esto la familia recibe la misión de custodiar, revelar y comunicar el amor, como reflejo vivo y participación real del amor de Dios por la humanidad y del amor de Cristo Señor por la Iglesia, su esposa.

Cómo encontramos a la Familia cristiana en la Biblia? En los Hechos de los Apóstoles; en San Pablo. Se recorre el lenguaje de la familia, de relaciones de familia, incluyendo hasta a los servidores.

Misión de Evangelización de la Familia desde 3 aspectos:

  1. Evangelización personal, de los esposos.

    Hemos alejado a Dios de nuestros hogares. No estudiamos ni leemos las Sagradas Escrituras ni los numerosos documentos del Papa, entre los cuales 2 son como la carta de navegación de la Familia en el 3er milenio: Familiaris Consortio, camino de la familia, y la Carta Apostólica Novo Millennio Ineunte, en la cual el Santo Padre Juan Pablo II nos guia por la oración y la caridad hacía la santidad en la vida diaria.

    La Fé es una búsqueda permanente de la presencia de Dios en nuestra vida. De un Dios que me ama y por ello me llama a compartir su Vida. Compartimos nuestra vida con Dios? La Fé es un don de Dios, y es, a su vez, acción del Espírtu Santo, que se nos da de regalo, que tiene siempre una historia personal, mía con Dios.

    La familia en este cometido tiene la necesidad de buscar, escuchar y aprender bien lo que debe creer, las razones para esperar el mandamiento nuevo del amor, para así conservar su impulso, y su fuerza para evangelizar. Pero la Palabra es la de Dios, por lo cual la familia necesita la ayuda y asistencia de la Iglesia en esta gran labor a ella encomendada. La Gracia Sacramental recibida en el matrimonio, le dará la fuerza necesaria para cumplir con tan importante misión.


  2. Evangelización de los hijos.

    El ministerio de Evangelización de los padres es insustituíble. La Familia debe formar a los hijos en la Fé, para la vida, de manera que cada uno cumpla a plenitud su cometido, de acuerdo con la vocación recibida de Dios.

    Padres creyentes y practicantes, que viven su matrimonio en armonía, a pesar de las muchas dificultades diarias, dan con el ejemplo la mejor evangelización a sus hijos. Pero los tiempos han cambiado, la sociedad ha cambiado, y hoy en día el ejemplo sólo no basta. La Fé recibida en el Bautismo (signo e instrumento de Fé) hay que alimentarla con la educación cristiana: es indispensable la educación permanente en la Fé de los hijos.

    Hay demasiados ataques a la evangelización en la Fé de los hijos. Se cosecha lo que se siembra. Qué o quién está formando hoy a nuestros hijos? Los medios de comunicación, la educación actual en el país, los grupos de amigos, los erróneos criterios de la cultura actual...

    Si los padres desde pequeños no oramos con los niños, pero no como una imposición, sino logrando hacer que la oración sea viviencia natural en su vida diaria, seguiremos teniendo ríos de bautizados que no saben eso qué significa, qué les exige y a qué los compromete. No somos conscientes de a qué vinimos al mundo, para dónde vamos y qué debemos hacer para llegar. La Fé es vivir y morir con Cristo para resucitar con El.

    Láminas, dibujos, libros, son un buen medio con los pequeños. Leer con ellos historias de santos les enseña al camino correcto. El amor a Dios hay que sembrarlo en sus almas, cuidarlo, regarlo, hacerlo germinar y mantenerlo, hasta el día en que podamos tener la satisfacción de entregarle al Señor adultos formados en la Fé, creyentes y practicantes convencidos, a los cuales no doblegarán los embates de la vida ni los cada vez más fuertes ataques del mundo a la religión, a la vida y a la familia.

    Tema básico en la evangelización de los hijos es dedicarles tiempo. No sólo tiempo para educarlos en la Fé, sino el tiempo que ellos me piden y nunca tengo, el tiempo que es muy importante para ellos, pero que yo nunca encuentro, porque, como mínimo, tengo que descansar! Debemos renunciar a muchas cosas para formar a nuestros hijos. Si yo renuncio a mi descanso, a mi tiempo, para dárselo a los hijos, los estoy formando, además, en el sacrificio personal, el cual es base para una vida integral de Fé.

    Las vocaciones sacerdotales, religiosas se desarrollan y crecen en el hogar que vive su Fé. Hoy hay una gran escaséz de vocaciones, debida a la falta de religiosidad en los hogares y al concepto imperante de que lo que importa es el tener, no el ser.


  3. Evangelización de la comunidad.

    "En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os teneís amor los unos a los otros" (Cfr Jn 13,35).

    El matrimonio es la más alta expresión de la Alteridad y de la Comunión. La familia es comunión de amor a Dios y al prójimo. Es el lugar privilegiado para el encuentro en el amor con Dios y con el prójimo. La Familia es el grupo básico de comunión. Primero tenemos encuentro con Dios, luego con el prójimo.

    Debemos promover una Espiritualidad de comunión. En la medida en que la familia cristiana acoge el Evangelio y madura en la Fé, se hace comunidad evangelizadora. "La familia, al igual que la Iglesia, debe ser un espacio donde el Evangelio es transmitido y desde donde èste se irradia" (E.N. No. 71 ). "La futura Evangelización depende en gran parte de la Iglesia Doméstica" (la familia). (F. C No. 52 y Discurso a la 3ª. Asamblea General de los Obispos de América Latina, IV, a)

    Los primeros cristianos se reunían asiduamente para seguir las enseñanzas de los Apóstoles y para compartir todo lo que tenían. Espiritualidad de la comunión significa saber compartir con el hermano sus alegrías y sufrimientos, intuír sus deseos y atender sus necesidades, ofrecerle una profunda y verdadera amistad. Es capacidad de ver ante todo lo que hay de positivo en el otro, para acogerlo y valorarlo como regalo de Dios.

    Podemos asociarnos con otras familias del barrio, de la parroquia, del colegio de los hijos, a estudiar y progresar en la formación en la Fé.

"...la Iglesia Doméstica está llamada a ser un signo luminoso de la presencia de Cristo y de su amor, incluso para los alejados, para las familias que no creen todavía y para las familias cristianas que no viven coherentemente la Fé recibida. Está llamada con su ejemplo y testimonio a iluminar a los que buscan la verdad." (F.C. No. 54)

Veamos algunos ejemplos de Santidad en la Familia:

  1. Santa Gema Galgani, santa Italiana seglar, la primera santa del Siglo XX, que murió a los 25 años, cuya madre, a pesar de morir cuando ella era niña, le inculcó tal amor a Jesùs, que su vida la dedicó al Señor, a orar por la salvación de los pecadores y a la pasión de Jesùs, con tal ardor que el Señor le concedió los estigmas de Su Pasión.
  2. Louis y Zelie Martin, padres de Santa Teresa de Lisieux, cuyo proceso de Beatificación ya está adelantado. En sus memorias, Santa Teresita del Niño Jesús relata la vida ejemplar de sus padres, que influyera tanto en su vocación y en la de sus hermanas. En su familia vivió y recibió toda la intensidad del amor a Dios, y el acicate para una vida de santidad.
  3. Luigi y María Beltrame Quattrochi, esposos italianos beatificados por Su Santidad el Papa Juan Pablo II, el 21 de Octubre de este año, son un excelente ejemplo para la familia evangelizada y evangelizadora.

    Dijo el Santo Padre en la ceremonia de Beatificación de los esposos Beltrame:

    "Entre las alegrías y las preocupaciones de una familia normal, supieron realizar una existencia extraordinariamente rica de espiritualidad. En el centro, la eucaristía diaria, a la que se añadía la devoción filial a la Virgen María, invocada con el Rosario recitado todas las noches, y la referencia a sabios consejos espirituales".

    "Vivieron a la luz del Evangelio y con gran intensidad humana el amor conyugal y el servicio a la vida".

    "Asumieron con plena responsabilidad la tarea de colaborar con Dios en la procreación, dedicándose generosamente a los hijos para educarles, guiarles, orientarles, en el descubrimiento de su designio de amor."

    En este sentido, el Papa enfatizó que la familia anuncia el Evangelio de la esperanza con su misma constitución, pues se funda sobre la recíproca confianza y sobre la fe en la Providencia. La familia anuncia la esperanza, pues es el lugar en el que brota y crece la vida, en el ejercicio generoso y responsable de la paternidad y de la maternidad".

    "Una auténtica familia, fundada en el matrimonio, es en sí misma una "buena noticia" para el mundo", puntualizó el Papa en dicha ceremonia de Beatificación.

    De los cuatro hijos de los esposos Beltrame Quattrochi, tres de ellos tomaron el camino del sacerdocio o la vida religiosa: don Tarcisio (95años), el padre Paulino (92 años), y Sor María Cecilia (ya fallecida). Enrichetta, de 87 años, constituyó un hogar según el modelo de sus padres.

Oración por nuestros hijos.

Llegaron, y la casa se llenó de fragancia. Parece primavera. En Tí, Padre Santo, hontanar de toda paternidad, en Tí nuestra capacidad de ser cocreadores contigo.

En cada uno de ellos nos has enviado un regalo deseado y soñado: Unos niños, nuestros hijos, han llegado al banquete de la fiesta.

¡Sean Bienvenidos!

¿Con qué palabras te daremos gracias, Señor de la Vida, con què palabras? Gracias por sus ojos y sus manos, gracias por sus pies y su piel, gracias por su cuerpo y por su alma, gracias por sus ternuras y halagos. Queremos pedirte perdón porque, a veces, no los comprendemos ni aceptamos; porque los golpeamos y descargamos sobre ellos nuestras frustraciones, desengaños y mal carácter.

En tus manos de ternura los depositamos para que los cuides, los mimes y los llenes de dulzura, la que aveces nosotros, sus padres, les negamos. Padre Santo y querido: pon un ángel a su lado para que cierre el camino a la enfermedad, a los vicios, a todo mal, y los guìe por el sendero de la salud y el bienestar.

El bien, la paz, la alegría y la bendición los acompañen por todos los días de su vida. Amén

Gloria Londoño de Cadavid
Diciembre 11 del 2.001